Mariana Cuartín es de la ciudad de Mérida, Venezuela y comenzó a bailar ballet a los 6 años de edad. Tomó  interés en la danza contemporánea en su adolescencia. Ha experimentado con el tango argentino y bailes de salón. Su interés  por el Belly Dancing comenzó en el año 2009. Mariana ha tomado talleres  con Morocco, Ava Fleming, Saqra y Princes Farhana entre otras bailarinas. Sus estudios más recientes han sido con April Rose incluyendo clases, talleres así como también la certificación en Bellydance Cohesion. Mariana baila y da clases en la ciudad de San Antonio, Texas donde reside desde el 2012. La meta principal de Mariana al enseñar es que la sus alumnos aprendan que somos milagrosos, que podemos sanar a través del movimiento, divertirnos y bailar para una audiencia si así lo deseamos! 

LA DANZA ÁRABE, también conocida como danza oriental  o del vientre no es una danza de connotación “sexual o de seducción” como erróneamente la ha hecho ver la cultura occidental. La danza oriental es una de las formas de movimientos más antiguas con orígenes pre bíblicos, utilizada en rituales para rendir culto a la maternidad y al acto de dar a luz. Los movimientos del vientre, que por cierto son muy pocos en este estilo de danza, tenían como propósito principal preparar a las mujeres para el estrés durante el proceso de parto. De alguna manera entonces, podemos decir que esta hermosa danza es el método más antiguo de dar a luz.

 

Hasta los años 50, la danza oriental aún se utilizaba en las partes menos occidentalizadas de Arabia Saudita durante el parto natural. Solamente mujeres eran permitidas en el espacio donde una mujer estaba dando a luz. Ellas hacían un círculo y bailaban imitando los movimientos que una mujer hace mientras pare (movimientos de vientre y caderas). Esto se utilizaba como método de hipnotización para hacer más fácil el proceso de parto, para aliviar los dolores de las contracciones y que el proceso fuese más rápido.

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Astrológicamente la danza está conectada con el signo de Piscis, éste es el tercer nivel de las emociones que conecta además con la parte más esencial de nuestra alma. Así, el danzar nos permite olvidar una parte del consciente y del subconsciente para entrar en el trance del placer. Curiosamente este signo cierra todo el ciclo energético zodiacal, el cual comienza con Aries y termina con Piscis. Observamos que en múltiples culturas la celebración de cierre de muchos eventos importantes coincide con un baile especial: baile de graduación, baile de bodas, baile de quince años y múltiples festejos donde la culminación y la apertura hacia un nuevo comienzo es la tradición. En este simbolismo acompañado de la idea de que Piscis representa nuestros sueños, el baile también es partícipe de muchas introducciones a precisamente, un gran sueño.


La conexión de nuestro Ser con las energías vitales del cuerpo está en relación estrecha con las emociones. Es por ello que la danza, las correspondencias astrológicas y los chakras, se conectan con nuestro sistema de emociones y con la complejidad del sistema energético de los cuerpos. En este sentido, la danza sirve de mediadora para una relación directa con nuestro placer emocional, enfocándose hacia las energías internas de nuestro cuerpo, que cuando aprende a canalizarlas se adentra en un formidable balance de sanación. Hemos visto que, al conjugar integralmente la energía de los chakras, se equilibran todas nuestras energías emocionales, además, al usar los chakras como estaciones receptoras y transformadoras, junto con la conexión de los planetas y signos astrológicos como mediación esencial para entender nuestra energía vital y su efecto sobre nuestro Ser, obtenemos una potencia de energía transformadora y sanadora, dando al cuerpo un balance entre lo emocional, lo sensorial y lo físico.

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