El jardín de Flor




Conocer a Florángela fue para mí un reto astrológico.

Llevaba años estudiando astrología y analizando cartas de amigos y familiares, todas personas que compartían un estrecho vínculo emocional conmigo y de quienes conocía básicamente sus vidas.

Flor, así la llamo con cariño, fue la primera persona a la que le leí su carta sin tener referencia alguna de ella, todos mis conocimientos se pusieron a prueba ese día.

Ella es una persona muy correcta, exigente, super analítica de todo lo que pasa en su entorno, sin contar que su filtro emocional de que si le agrada o no algo es bastante alto, todas cualidades que no sabía para el momento de mi lectura.

Recuerdo perfectamente haber preparado un espacio en mi oficina de trabajo. Para ese tiempo trabajaba como asistente del Director de Cultura de la Universidad de los Andes y tenía como hobbie el estudio de la astrología.

Como buena capricorniana, quería dar una buena impresión.


Lo cierto es que el cerebro cuando está muy nervioso pero se entrega en plena concentración a una actividad que le da mucho placer hacer puede sacar de sí las mejores argumentaciones posibles.

En ese momento fue como por primera vez organicé una lectura metódica y con fluidez concentrándome en revelarle a mi primer cliente cuál era su misión de vida y los escenarios que complementaban esta misión.